Falsificaciones y derechos de las trabajadoras y trabajadores

La necesidad de normas, regulaciones y controles eficientes

Por supuesto, tras toda falsificación, sea del tipo que sea, hay violaciones de derechos de los trabajadores. Y la afección a la economía en general, y no digamos a la salud y seguridad,  es también otra afección a la protección social y a nuestros derechos. Algo evidente: los trabajadores somos también ciudadanos y consumidores, por lo que desde CCOO apoyamos sin duda este tipo de campañas.

La campaña se pone en marcha en un momento álgido de desorden global, fruto sobre todo de un  ultra liberalismo del ‘todo vale’. Vender a toda costa, y consumir a toda costa, no es la solución. Tras la puesta en práctica de legislaciones restrictivas en derechos laborales y sindicales, así como desregulaciones de normas que eran vistas como un obstáculo por ciertos líderes políticos/empresariales, incluso las mismas empresas comienzan a llamarnos, alarmadas, ante este desorden. El abuso de los conceptos de emprendimiento o economía colaborativa, junto a la degradación de los derechos laborales o a una mínima fiscalidad, han supuesto un avance en el sistema de competitividad irresponsable que vivimos. En la cuestión de las falsificaciones, la noticia reciente de que Apple denuncia que el 90% de sus cargadores que vende Amazon son falsos, ilustra esta idea de desorden.

En CCOO damos al concepto  de falsificación este sentido más amplio, y abarca el uso de materiales en procesos intermedios por parte de empresas ‘legales’. Materiales que no sabemos de dónde salen ni cómo se han fabricado. El caso de la falsificación de los datos de emisiones en el caso del Diesel es muy evidente. Cada tragedia industrial en las cadenas de valor (las del textil, como el caso Rana Plaza en Bangladesh, son las más conocidas) han demostrado la falsificación de las auditorías sociales y de datos sobre derechos humanos y laborales.

Y qué decir tiene de la falsificación de las auditorías y balances de las empresas `fallidas’, que son el origen de esta crisis sistémica. Podríamos llamarla crisis de la falsificación. Y tras cada escándalo, irregularidad o falsificación, siempre hay un paraíso fiscal.

Un etiquetado correcto y un sistema de información correcto sobre la responsabilidad social de las empresas,  sería una manera de atajar el problema, visualizando mejor la dualidad verdadero/falso. (Verdadero: con derechos sociales, medioambientales y de los consumidores. Para nosotros es fundamental que los derechos laborales se incluyan)  CECU y CCOO somos miembros del Observatorio de la RSC, y hemos vivido y sufrido degradación de la oportunidad que suponía tener un Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas y una Ley de Economía Sostenible.

Es evidente la necesidad de normas, regulaciones y reguladores efectivos, que no lo son debido  de un enorme conflicto de intereses, más allá de las puertas giratorias. En España, es más que evidente.

Apelar a la responsabilidad de los consumidores es cada vez más difícil, dado el ambiente de crisis de credibilidad general que vivimos y que, a veces, parece incluso inducida. Pero hay que hacerlo, no dejando al margen estas cuestiones de fondo. En la situación actual, si no es así, puede parecer un ejercicio de hipocresía.

Artículo aportación al Foro sobre falsificaciones – 2016

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