Declaración sindical al G-20 – Ministros de Finanzas y Gobernadores de Bancos Centrales

Actualizamos (19/04/2017) con nuevo documento clave de la OCDE para un comportamiento responsable del sector financiero (Debida diligencia) (link) (pendiente post artículo resumen)

Traducción informal que  difundimos como complemento del post anterior  (debate/acción en torno al cambio de modelo productivo/financiero, regulación,  MIFID-II …). Sería mejor que los líderes del sector financiero y reguladores se centraran en las cuestiones que destaca esta declaración. Fuente,  TUAC. Órgano sindical asesor de la OCDE

(Traducción informal para blog. Gracias por colaboración a I.A.) (La letra negrita es mía – A destacar)

Declaración sindical a

los Gobernadores de los ministros de Finanzas del G20 y del Banco Central de

17-18 marzo de 2017, Baden-Baden

Casi una década después del estallido de la crisis financiera, la mayoría de las economías no están teniendo éxito en volver a un ritmo de expansión económica que sea suficiente para cerrar la brecha en la producción y el empleo. Los niveles salariales, que sufrieron mucho tras la crisis financiera de 2008, siguen siendo bajos en muchas economías.  Sigue habiendo desequilibrios graves entre países con “excedente” y países “deficitarios”. En el reciente Panorama Económico, la OCDE plantea su preocupación acerca de los riesgos para la estabilidad financiera que podría socavar aún más la trampa de bajo crecimiento actual: mercados de valores ‘desconectados’ de las principales variables, el grave riesgo de cambios en la valoración de los activos como consecuencia del aumento de las tasas de interés, los movimientos bruscos del tipo de cambio, las vulnerabilidades financieras significativas debidas a burbujas de precios de la vivienda, y el aumento de endeudamiento de las empresas no financieras.

Las medidas de austeridad después de las crisis y las estrategias de “reparto” no han permitido ni recuperación de la economía real ni de la confianza de los trabajadores y sus comunidades. Han logrado lo contrario: mantener la alta desigualdad y deprimir la demanda aún más. A pesar del estancamiento en el crecimiento de la productividad, la brecha entre los salarios reales y el crecimiento de la productividad persiste y sigue siendo considerable. Mientras que la clase media y aquellos con menores ingresos han experimentado un estancamiento o disminución de los ingresos reales durante una década o más, una pequeña élite ha visto cómo sus ingresos y su riqueza aumentaban, a menudo de manera espectacular. Estos fracasos han dado lugar a que importantes sectores de los trabajadores y sus comunidades pierdan y tengan que hacer frente por su cuenta al aumento de la inseguridad sobre su empleo y su futuro.

Los Ministros de Finanzas del G20 y los Gobernadores de los Bancos Centrales deberían adoptar medidas coordinadas:

  • Salir de la “trampa de bajo crecimiento” y aumentar la inversión pública en infraestructura, en el equivalente al 2% del PIB, centrándose en la creación de empleo de calidad, la mejora de la productividad y la transición hacia una economía baja en carbono; para ello, utilizar la “regla de oro”, excluyendo la inversión pública de los objetivos de déficit público;
  • impulsar la demanda y el poder adquisitivo de los ingresos medios y bajos, centrándose en el fortalecimiento de las instituciones del mercado laboral y la fiscalidad progresiva con el fin de reducir la desigualdad de ingresos; y
  • hacer frente a los desequilibrios globales mediante la coordinación de los países “con excedente” en el aumento de la demanda interna.

En el medio plazo, las autoridades aún tienen que crear confianza en un sistema global que pueda lograr una distribución más equitativa de los beneficios y los costes de una agenda de comercio e inversión y de la globalización en general. Los costes del ajuste de la liberalización del comercio son reales y no sólo una “percepción”. Un número significativo de trabajadores y sus familias están fuera de los acuerdos comerciales y de inversión. El camino a seguir no es una mayor liberalización del comercio y de las inversiones, sino reglas más justas que funcionen para todos. Es esencial establecer la dirección de la causalidad correcta entre el comercio y el crecimiento. La tendencia reciente de desaceleración del comercio está causada principalmente por la débil demanda interna (provocada por la austeridad, la devaluación interna, el desapalancamiento de la deuda) y no por un aumento en el proteccionismo. Hacer caso omiso de esta causalidad tratando de impulsar un mayor  comercio se corre el riesgo de caer en la trampa de la ‘competitividad’ cuando las economías deprimen los salarios para intentar salir de la crisis que luego termina en una profundización de la falta global de la demanda, y así también desacelerando más la dinámica del comercio.

A pesar de los esfuerzos del Foro de Estabilidad Financiera para coordinar las reformas regulatorias, diez años después de los créditos “de alto riesgo” (subprime) del mercado inmobiliario de Estados Unidos, se mantiene la preocupación por un sector financiero sobredimensionado, mal regulado y por los comportamientos temerarios y especulativos en las salas de los consejos de administración y por el cortoplacismo en los parqués que generan los movimientos de capital y los tipos de cambio disruptivos. Los logros del pasado en la re-regulación de las finanzas, tales como la Ley Dodd-Frank de Estados Unidos, están ahora en riesgo de ser desmantelados. Y, sin embargo, el impacto de la financiarización en la economía y en la gente es real y es multifacético: inestabilidad financiera, intermediación financiera ineficiente y costosa, baja productividad, aumento de la desigualdad y captura política. Y está alimentando un cortoplacismo empresarial: las ganancias corporativas se desvían de la inversión hacia bienes de producción y dividendos y hacia la recompra de acciones que han crecido exponencialmente.

Los Ministros de Finanzas del G20 y los Gobernadores de los Bancos Centrales deben comprometerse a:

  • Reequilibrar los derechos y obligaciones de los inversores extranjeros en los acuerdos comerciales y de inversión a través de disposiciones aplicables, incluidas las normas de la OIT y la OCDE sobre conductas empresariales responsables y la debida diligencia empresarial sobre Derechos Humanos, la derogación de los mecanismos de arbitraje internacional y la reafirmación del derecho de los gobiernos a regular y a disponer de instrumentos de defensa comercial que creen igualdad de condiciones y la competencia leal;
  • Preservar el acervo de las reformas financieras posteriores a la crisis, y abstenerse de adoptar cualquier medida de desmantelamiento o desregulación; y
  • Abordar las causas fundamentales del “comportamiento de rebaño” de los mercados financieros que desencadenan movimientos de capital y de tipos de cambio disruptivos y la implicación de la financiarización de las economías en la productividad, la desigualdad y la estabilidad financiera.

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