Diez años de discusiones de besugos. La definición de la RSE y la Sostenibilidad

Vale… son pargos. Es que no había besugos en la pescadería de la Encarnación 🙂

La Responsabilidad Social de las Empresas (RSE) son sus impactos en la sociedad y en el medio ambiente. Las empresas pueden gestionar esto como quieran, pero la legislación y la presión pública y social, nuestra acción sindical e institucional,  obligan a que las empresas informen correctamente. Se resisten. ¿Estamos o no con la transparencia? ¿Cómo si no vamos a luchar contra la corrupción? La situación que vivimos en torno a estos temas está muy relacionada con el aumento de desigualdad y el deterioro de la democracia.

Contra la desigualdad: huella social, fiscal, medioambiental. ¿O discusiones de besugos? ¿#RSE #ODS…

Desde nuestra Federación hemos mantenido históricamente una visión digamos, adelantada, o alternativa sobre la Responsabilidad Social de las Empresas (ver nuestro documento de posicionamiento), no sujeta a los vetos empresariales y a las influencias interesadas de supuestos ‘expertos’, gurús y tertulianos. Incluye el nivel de cumplimiento legal e incluso una evaluación sobre la influencia de los negocios en las regulaciones y reguladores. Este es además el origen de esta y crisis múltiple y sistémica. También, a efectos prácticos, consideramos Sostenibilidad, RSE y RSC como términos similares. Contra los juegos de palabras, querida panda de trileros, lo importante son los indicadores fundamentales clave. Y por supuesto, entre ellos están la desigualdad salarial, la justicia fiscal y la evaluación de toda la cadena productiva. Algo muy sencillo: las normas de la OIT no se cumplen y la desigualdad avanza.

Y hoy es más que nunca, importante aclarar esta visión sobre lo que a nuestro juicio (y creemos que la realidad nos da la razón: incluso la Unión Europea lo reconoció en su momento, tal comentamos más abajo), sobre qué significa RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LAS EMPRESAS.  Contra el secuestro corporativo, también, de las palabras.Insistiremos, porque parte de la sociedad civil y del movimiento sindical abogan por abandonar este campo de acción, debido a la degradación del término.

La clase política no ha apoyado esta visión de evaluación socio-laboral de todos los impactos empresariales: la socialdemocracia prefirió cierto acompañamiento empresarial  que desde luego no ha funcionado.  (A ver: decidiros de una vez con el #CETA y el #TTIP) (Ver este post de Paco Cervera. Y el final de este otro, bastante global) Los ‘liberal-conservadores’ han rematado la faena. En España hemos visto en directo lo que ha ocurrido en varios procesos globales (LES, CERSE, EDDHH…): el PP arrasando con todo lo poco que apenas se inició, como muestra paradigmática de la situación. Y el mundo académico…¡ay!

Desde que en 2001 el Libro Verde Unión Europea sobre RSE definió inicialmente a esta como La contribución voluntaria de las empresas… llevamos demasiado tiempo soportando bloqueos para que precisamente la Responsabilidad Social de las empresas mejore. Vista la inutilidad de la definición, la Norma-Guía ISO 260000 intentó dar un giro a la situación, giro asumido posteriormente también por la Unión Europea: la responsabilidad social de las empresas son sus impactos sobre el medio ambiente y la sociedad. La gestión de la RSE (o sostenibilidad) de las empresas podría considerarse voluntaria (también es discutible  aunque … no vale la pena). Actualizamos: vean la actitud ante la posibilidad de que se elabore desde el ámbito de Naciones Unidas un Tratado vinculante sobre Empresas y Derechos Humanos (link al seguimiento que hacemos desde nuestro blog a los dos procesos en marcha)

Tras esta trascendental redefinición de la RSE, acertada, repetimos, puesto que definirla sólo como una la contribución voluntaria de las empresas lleva continuamente al ‘puesto que esto es voluntario, yo decido si informar o no, y si informo, lo haré a mi manera. Yo decido quienes son mis grupos de interés y qué es lo materialmente importante. Y las múltiples recomendaciones de las instituciones y órganos consultivos, son sólo eso, recomendaciones, así que…nada’,  estamos viviendo un proceso esquizofrénico y reaccionario de defensa numantina de esa sagrada voluntariedad (ver qué está pasando con los indicadores de desigualdad salarial o de brecha de género)

Cónclave de gurús de la RSE  reinterpretando la nueva definición ‘¿Y ahora, qué vamo’asé?’ (vídeo https://youtu.be/iAcSooatjKE )

Una legión de consultoras, escuelas de negocios, bufetes de abogados, gurús visionarios, revolucionarios y vendedores de biblias se están encargando de incluir la vieja definición en todos los textos, guías, acuerdos, sin incluir el matiz de la nueva (o si lo incluyen, no se asume qué significa en esencia). La cosa ha llegado a influir para  prohibir indicadores de referencia (lo ocurrido con el Consejo Estatal de RSE y la Ley de Economía Sostenible, y lo que está ocurriendo ahora con la Directiva de Información No Financiera...) . Y claro, esto dificulta cierto orden en el contenido de las memorias, con la dificultad posterior respecto a sistema de compra pública responsable (cláusulas sociales en la contratación pública). El sector empresarial (al menos, muchos de sus líderes), siguen viendo a la RSE y a la cláusula social supone una distorsión al mercado (como si no estuviera distorsionado ya). Sólo están facilitando la difusión de ‘ciertos indicadores’, que se están sobreponderando (acción social o sucedáneos respecto a indicadores de contenido de calidad de empleo, justicia fiscal, desigualdad…)

Ilustramos este post con dos casos de evidente mejora ‘involuntaria’ de la Responsabilidad Social . Decimos involuntaria puesto que evidentemente las empresas se resisten a adoptar nuestras propuestas, para las que ya hemos tenido que acudir a los juzgados.  El caso 1: el sector financiero debería implementar controles efectivos de control horario (prolongaciones de jornadas generalizadas en un país con tal nivel de desempleo: desastre social. ¿Conciliación? ¿igualdad?). Caso 2: el sector financiero debería gestionar e informar correctamente sobre los riesgos psicosociales en el sector.

Estos casos, que en principio observamos en el sector financiero español, están generalizados en todos los sectores. ¿Qué tipo de salida de la crisis estamos teniendo? La degradación social y de la sostenibilidad  que significa la bajada de la protección social, y al mismo tiempo intentar debilitar, cuando no eliminar a los defensores de los derechos sociales). La sangría fiscal que suponen las prolongaciones de jornadas se unen al desastre de la falta de ingresos debido a distintas modalidades de fraude y elusión fiscal (seguimos reivindicando la huella fiscal como indicador básico de RSE). Véase el estudio elaborado por la Federación de Servicios de Castilla y León, que habla del impacto fiscal de las horas no remuneradas en el sector hotelero. 

¿Fiscalidad responsable o diálogo de besugos? Ahora, #ParadisePapers. Sigue #ElDineroQueNoVes #RSE?

(Este post continuará modificándose. Otro día hablaremos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Los #ODS, ahora muy de moda. Sí, pueden significar un cambio…pero nos tememos que pasará lo mismo que con los otros términos)

@jcarlosgonz

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